Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

un amigo es un tesoro

Necesitamos buenas amistades como el respirar.

Eso es lo que concluye uno de los proyectos de investigación más ambiciosos que jamás se han realizado en relacion a las relaciones humanas ; en este caso, además, por una institución tan prestigiosa como es la Universidad de Harvard.

Este estudio se inicio en 1938 con 734 jóvenes de Boston de toda condición social (John F Kennedy estuvo en el panel inicial).

Desde que se inició el proyecto hace 80 años, no se han dejado de tomar datos sobre estas personas de toda índole. Los datos obtenidos buscaban responder a la pregunta de cuáles son las variables asociadas a una vida bien vivida. La conclusión es contundente: la variable que más influye en la felicidad, e incluso en la longevidad de las personas, es la calidad de sus relaciones familiares y sociales.

El estudio concluye que una buena conexión entre personas es un gran estimulador de la mente y de las emociones; un estímulo que tiene un impacto muy positivo en el estado anímico, y este en la conducta y en las condiciones somáticas. La soledad en cambio, así lo dice el estudio, es como un depredador emocional que roba la vida y la felicidad.

Considerar algunas distinciones puede ayudar a mejorar nuestra capacidad de generar amistades de verdad. Una de ellas es la que distingue entre amistades superficiales y amistades auténticas.

Las primeras son producto de los contextos dominados por la superficialidad, ladesconfianza o el egocentrismo. Estas amistades se basan en el quid pro quo y en el cálculo acerca de cómo rentabilizar esa amistad en provecho propio. Es la lógica de “soy amigo de quien me interesa serlo” o la de “me arrimo al sol que más calienta”.

Las segundas, las amistades auténticas, son otra cosa; no se fundamentan en la ventaja o en la simetría del intercambio, sino en la voluntad mutua de hacer el bien a la otra parte incluso cuando esa otra parte no sabe o no puede corresponder.

Esta amistad es producto de un “músculo emocional”, llamado capacidad de querer, y de un proceso de conversaciones donde, desde el respeto, se habla de manera constructiva sobre los temas relevantes para ambos. Querer a quien es distinto o piensa de modo diferente denota libertad interior y un talante integrador: dos características de personas que seguro acaban disfrutando de muchas amistades auténticas.

Una conversación sincera y constructiva sobre temas relevantes tiene un efecto mágico en una relación. Los malentendidos o desencuentros no dejan de ser importantes. Cuando no se habla de ellos la amistad enferma.

Una conversación superficial genera amistades superficiales.  Esto ocurre cuando se quiere dar una imagen distinta a la real o cuando se evita el mostrarse vulnerable.

Desde un punto racional, las asimetrías de cualquier tipo (intelectuales, psicológicas, perceptuales, educativas, sociales, culturales, económicas, etc.) dificultan la amistad basada en la reciprocidad; la falta de reciprocidad hace difícil la convergencia de intereses, y la falta de convergencia de intereses hace que la amistad se diluya con el tiempo. Esa espiral es real y tremendamente dolorosa.

Pero, ¿puede surgir una amistad sincera, y perdurar en el tiempo, entre personas con importantes asimetrías o diferencias? Desde un punto de vista lógico la respuesta sería no. Por fortuna existe una salvedad: “no hay problemas que el amor no pueda solucionar”.

Una de las mejores expresiones de amor entre las personas es construir una amistad auténtica. Incluso en los casos en los que las asimetrías parecen forzar a que para alguna de las partes la amistad tenga que ser desinteresada o inmerecida.

Esa amistad es un don que requiere un corazón generoso tanto en el que da, sabiendo que la otra parte no podrá corresponderle, como en el que recibe, ya que no tiene con qué corresponder, aunque le gustaría poder hacerlo.  La amistad en estos casos es un regalo especial del que hay que disfrutar.

El ser humano está hecho para el don. La base de un cerebro sano es la bondad. Por eso tampoco se puede prescindir de la gratuidad propia de las amistades auténticas en las esferas profesionales.

Y, del otro lado, como reza un viejo proverbio chino, de vez en cuando también bueno agitar el árbol de la amistad para dejar que caiga la fruta que se echa a perder.

 

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