NADA

Hoy más que nunca traigo un antiguo post en el que me refería a disfrutar de un más que merecido descanso y casi la obligación de la desconexión.

Hoy, más que nunca, lo reivindico y añado una nueva palabra: NADA, como la práctica consciente de la vida contemplativa. “Aprender a mirar con nuevos ojos”, a mirar con calma y con paciencia, dejando que sean las cosas, los objetos, “las que se acerquen al ojo” como decía Nietzsche. Observar el movimiento de las hojas, escuchar el sonido de las olas, sentir la brisa en la piel… estar en el mismo instante del presente, del ahora, sin hacer NADA. Dejar de vivir una vida moderna activa, que se ancla en el pasado y se proyecta en el futuro sin disfrutar el presente. Esa vida que, durante el último año nos lleva al agotamiento, al cansancio, al estrés, la angustia, la histeria y al nerviosismo, más aun habiendo pasado un año lleno de dudas, incertidumbres que aún perduran.

Pensar en NADA, no hacer NADA es, en estos momentos una emergencia y una necesidad imperiosa, aunque se nos haga en un principio difícil.

Pensamos que cuanto más activxs nos volvemos, más libres somos, pero nada más lejos de la realidad.

En el NADA hay mucho, en el NADA resolvemos problemas, encontramos respuestas y creamos ideas. Por lo tanto, estaría bien concedernos momentos contemplativos inherentes al ser humano y huir de la sociedad de obligaciones e imposiciones, en la que los seres humanos acabamos auto-explotándonos, como refiere Byung-Chul Han, uno de los filófos que más están dando que hablar en los últimos años, en su libro:”La Sociedad del Cansancio”. Una vida en la que cada uno nos imponemos nuestra propia condena a trabajos forzados de por vida.

No es nada nuevo, Cicerón en su tratado “De re publica”, elogia la vida contemplativa e incita a sus lectores del “foro” a alejarse del “jaleo y la multitud”. Según él, la vida contemplativa, y vida no activa, convierte al hombre en aquello que en un principio debe ser.

No hacer NADA es la gran asignatura pendiente de esta sociedad y, pese a que pensamos que no nos atañe, no hay nada más lejos de la realidad. No hacer NADA es una obligación para con nosotros mismos, para recuperar lo más innato, lo más puro, nuestra propia esencia como seres humanos, PARAR para REPARAR.

¿Cuántos momentos de no HACER NADA tienes en estos periodos de vacaciones?

Obsérvate, quizás veas que trasladas el ritmo actual de tu vida al periodo vacacional y no sales de rueda de las obligaciones incluso en vacaciones. La ansiedad por hacer cosas, aprovechar el tiempo en hacer algo, lo que sea, en lugar de recuperarlo para repararlo, para no hacer NADA

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