Las sirgueras de la vergüenza.

El tiempo las ha olvidado, se han borrado nuestra memoria y las han sumergido en el fango de la historia.

He de reconocer que ni yo misma sabía de su existencia, pero desde que fui consciente, desde que su realidad llegó a mí, me quemó el alma…

No hay día que no me acuerde cada día de ellas por el impacto que me causó conocer el relato de sus desdichadas vidas, la desdicha de ser mujer y disponer de pocos recursos que las llevó a arrastrarse por los lodos de la margen derecha de la ría de Bilbao y también de nuestra vergüenza.

Pese al enorme trabajo con el que contribuyeron al desarrollo de la revolución industrial en Euskadi un par de siglos atrás, eran consideraba la clase más baja de la sociedad, el lumpen. Despreciadas y humilladas, las gentes del lugar se avergonzaban de ellas.

Agarradas a una sirga, una maroma, rodeando su pecho sujeta por los hombros, tiraban de las gabarras llenas de mercancías y minerales, desde El Abra de Getxo hasta el Casco Viejo de Bilbao y viceversa. Esta práctica también se realizaba en otras localidades próximas como Deba, Saint-Jean-De-Luz,…

Conscientes del enorme esfuerzo y sacrificio que suponía, en un momento se planteó sustituir este trabajo para que lo hicieran bueyes, pero las mujeres resultaban “más baratas”; los bueyes debían de hacer su labor labrando los campos y las mujeres en el lodazal de la Ría de Bilbao. Mientras, los hombres eran diezmados en unas guerras carlistas que prosiguieron incluso cuando el archiduque Carlos renunció al trono en favor de Isabel II, quien, mientras estas mujeres se dejaban la vida en el lodazal de la historia, expolió el reino.

Cuenta la poca historia que se conoce de ellas, que siguieron trabajando hasta que se generalizó el uso de los barcos a vapor.

Han tenido que pasar muchos, muchos años, demasiados…  para que se sepa y se reconozca a estas mujeres fuertes y luchadoras cómo tantas otras: rederas, bacaladeras, estibadoras, etc. que vivieron bajo la sumisión, en un régimen semi esclavitud. Exhaustas, abandonadas y despreciadas, sin cuyo esfuerzo titánico hoy no estaríamos aquí.

Si las miramos desde el presente ¿Qué podríamos decir ellas?, ¿qué valor damos a una vidallena de esfuerzo y sufrimiento? Desde estas líneas sólo puedo expresar mi admiración, reconocimiento y agradecimiento más profundo.

Termino sintiéndolas…, ellas no tuvieron la culpa de vivir una época tan cruel con la mujer, ni de ser consideradas como los despojos de una época en la que las mujeres eramos consideradas como escoria. Poco tiempo después vinieron los movimientos de liberación de la mujer, la lucha por el sufragio universal. A ellas no les llegó,… pero sin duda forman parte de esa lucha, quizás la más importante, la razón última, la más extrema, la más dura por la que luchar, por la que salir del lodo y de la miseria.

Desde aquí mi pequeño pero infinito y constante homenaje a todas ellas.

Me encantaría conocer tu opinión.

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