¡¡La culpa es tuya!!

la culpa

Todos hemos tenido esta frase en la boca alguna vez para indicar que no somos responsable de una determinada situación, y con esa expresión, “¡¡tú tienes la culpa!!” parece que todo se soluciona, al menos para nosotros…

Esto tiene mucha relación en la manera que percibimos la realidad y de cómo ésta influye en nuestras emociones y comportamientos, a la vez que nosotros tambien influimos con nuestras acciones y reacciones en ella.

Muchos de estos procesos pueden constituir la base de gran parte de nuestros problemas y por lo tanto, requerimos de una gran vigilancia de nuestra vida cotidiana y de la interpretación que hacemos de la realidad. “Ser conscientes”

Por otro lado, sabemos que, en el modelo de educación católico, el concepto de culpa ha sido uno de los grandes instrumentos de adoctrinamiento. Baste mencionar que desde esta perspectiva somos concebidos como “fruto del pecado original”….. .

La culpa es una acción, es algo que nos achacamos a nosotros mismos, más allá de mencionar aquella que se encuentra en los principios morales universales, no matarás, no violarás, no robarás… Ahora no me ocupo de ésta, me ocupo de aquella culpa, de esa culpa que es esteril y que oprime sólo para castigar. Para castigarnos a nosotros mismos.

Es como un verdugo que está al acecho de aquel que piensa qué merece castigo: ¡¡el sufrimiento!!

Nos olvidamos que el sufrimiento está ahí para aliviar nuestra culpa, es un ser acechante.

“Merecemos” este sufrimiento porque no somos los hijos que nuestros padres querían, porque no encajamos con la imagen idealizada que hemos creado de nuestras personas, porque no ser ese ser que nuestra pareja desea, etc.

Pero ¿qué hay bajo de este sufrimiento? El enfado, la frustración, la rabia de ser diferente a lo que tenían o teníamos programado para nosotros. Así nos sentimos obligados a ser lo que no somos, para ser merecedores del “amor”, “respecto“, “cariño“, “reconocimiento“,… de los demás.

Es importante no ponernos, ni dejar que nos pongan, estándares morales tan altos que nos sean imposible cumplirlos. Lo adecuado es alinear nuestros valores con nuestra vida para ser coherentes y disfrutar la vida con esta coherencia.

No  nos tenemos que convertir en mártires para vivir sin culpa. Se trata de poner las cosas en su sitio y cuando aparezca la culpa,mirarla directamente a la cara y  preguntarte ¿qué parte de responsabilidad tengo yo en esto? ¿qué parte de responsabilidad tienen los demás?…

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